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Editorial

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Para la Academia Mexicana de Ciencias (amc), la educación, la investigación, el desarrollo y la innovación forman una cadena de valor para impulsar el desarrollo del país en un mundo dominado por el conocimiento.

Por ello, la AMC dedica un esfuerzo considerable a sus programas de educación, promoción y divulgación de la ciencia, como Domingos en la ciencia, Computación para niños, Veranos en la ciencia, Olimpiadas  de l a ciencia, La ciencia en tu escuela, y Pauta, que juntos tienen un impacto considerable a lo largo y ancho del país.

En esta ocasión destacaré el programa de Olimpiadas, que promueve el interés de los jóvenes a través de competencias del conocimiento. Actualmente, la AMC coordina las Olimpiadas de Biología y Química, que se organizan desde 1999; la Olimpiada de Geo­grafía, que se organiza desde 2002, y la Olimpiada de Historia de México, que se organizó por primera vez en 2007. Además, la AMC organiza el Concurso de primavera y la Competencia cotorra de matemáticas. En conjunto, estas competencias convocan cada año a cientos de miles de niños y jóvenes en todo el país.

Los ganadores de los concursos nacionales forman las delegaciones que representan a México en compe­tencias internacionales. Hace apenas unas semanas se celebraron las Olimpiadas Internacionales de Biología y Química, así como el Campeonato Mundial de Geografía de National Geographic y la Olimpiada Regional Asia-Pacífico de Geografía. Los resultados de las dele­gaciones mexicanas fueron excelentes. En el Campeo­nato Mundial de Geografía, México obtuvo el primer lugar absoluto. En la Olimpiada Regional Asia-Pacífico de Geografía, el equipo mexicano también ganó el pri­mer lugar. En la Olimpiada Internacional de Biología se obtuvieron dos medallas de bronce y en la de Quí­mica una mención honorífica.

Por supuesto, debemos resaltar el talento de nuestros jóvenes premiados: nos sentimos muy orgullosos de sus triunfos, que nos permiten vislumbrar una generación altamente competitiva. Estos triunfos, que han sido muy publicitados en fechas recientes, son sólo la "punta del iceberg"; detrás de ellos está el trabajo de muchos profesores, de los coordinadores y organizadores de estas competencias, y los generosos patrocinios de instituciones públicas y privadas que permiten su realización. Para dar una idea de la magnitud del trabajo, mencionaré que todas nuestras competencias se llevan a cabo en diferentes etapas (locales, estatales y nacionales). En la etapa local, contamos con el apoyo de cientos de maestros que inscriben a los niños y jóvenes y que aplican los exámenes, ciudad por ciudad, estado por estado. En la segunda etapa se lleva a cabo el concurso a nivel estatal, contando para ello con una valiosa red de delegados en los estados de la República. Finalmente se lleva a cabo la etapa nacional, generalmente apoyada por universidades públicas de los estados.

Las Olimpiadas de la Ciencia son un ejemplo de lo que se puede lograr sumando esfuerzos y talentos de muchas personas e instituciones e invirtiendo en el futuro de México, que son sus niños y jóvenes.

Juan Pedro Laclette
Presidente de la AMC